En Octubre de 2009 el Senado nacional aprobaba la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, con 44 votos a favor y 24 en contra. De aquel mes a la actualidad existieron múltiples y diversos debates sobre su espíritu y capacidad de modificación de los medios masivos de comunicación en la Argentina. Considerado como plural para el gobierno argentino y sus defensores, y atacado desde los sectores privados de los medios (resaltando el grupo Clarín a la cabeza) por creerla contraria a la libertad de prensa, lo cierto es que la discusión todavía está muy presente en la sociedad.
La Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata es una que se ha visto impactada tanto directa como indirectamente por la ley, y su decana, Florencia Saintout, explica que la disposición “necesita tiempo, porque debe efectuar transformaciones muy profundas para dar forma a lo que viene”.
“Si bien se dice que con la ley aún ´no pasó nada`, sí han sucedido cosas a nivel general, como la discusión profunda del orden de las comunicaciones que antes parecía intratable”, enfatiza Saintout. Y añade: “El lenguaje hipoacúsico en los discursos presidenciales, la marcación del inicio y fin del espacio publicitario, la posibilidad de escuchar a todos los partidos políticos en las últimas elecciones y las señales universitarias son elementos que también surgen de la ley”.
Las variantes que promueve la ley, conocida generalmente como “de medios”, se pueden observar a nivel general, pero al nivel de la facultad platense de periodismo existe una “revolución” que resulta “imperceptible para aquellos que consideran que no hay ningún hecho a partir de la propia ley”. Saintout señala que la casa de altos estudios está recibiendo una demanda de “producción de contenidos”, por parte de organizaciones y colectivos sociales. El área de producción está siendo impactada por otra demanda: “En cuanto a formación, los que poseen una radio o un programa de televisión llegan para saber cómo adecuarlos o cómo presentarse a las nuevas convocatorias del INCAA”.
El marco de la reglamentación también afectó al plan de estudios de la misma facultad. Los cambios en sus programas de estudio y contenidos, la creación de cátedras, y la aparición de áreas extracurriculares son “consecuencia lógica del impacto de la ley, el cual asciende a la categoría regional más que nacional”. Saintout apunta: “La variación en las carreras se dan desde un punto de vista sistemático, respecto a las materias y sus programas, y no tan sistemático, a través de los discusiones docentes y las que traen los estudiantes al aula”.
En el contexto de la ley, junto a su aporte sobre los estudios de comunicación orientada al periodismo, surge una cuestión relacionada al oficio del periodista y su posibilidad de mejora con los conocimientos universitarios. “El saber no está solamente en las universidades”, dice Saintout. Y aclara: “Sin embargo hay unos tipos de saberes que circulan solamente en ellas; no nos hacen mejores ni peores, pero allí están. Se puede, por supuesto, aprender mucho desde las prácticas en el campo del periodismo, pero aquellas se profundizan a través de la educación superior”.
Con la aparición de las señales universitarias, proporcionada por la ley, y sus contenidos tanto propios como públicos, la decana resume: “La actividad no es sólo un asunto de periodistas universitarios, pero tendremos mejores periodistas mientras sean sensibles a lo que circula en las universidades y a aquello que no se encuentra allí”.

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