lunes, 12 de noviembre de 2012

“Se debe terminar con la idea de que la historia es algo contextual”



Así lo señala Sergio Pujol, docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, que explica aspectos de un tema que cobró fuerza y análisis en los últimos tiempos.


La dictadura de 1976, las características de los gobiernos conservadores de de finales del Siglo XIX y principios del XX y la década del 90, entre otros, son tópicos siempre estudiados en la educación superior nacional. Sin embargo el revisionismo histórico surgido a partir en la década del 2000, con la llegada de un nuevo gobierno, y el uso cada vez más frecuente de la historia en sus discursos y en otros ámbitos de la política argentina, colocaron el pasado “criollo” en la discusión del presente. Como la comprensión de procesos anteriores es parte de la comprensión de la sociedad actual, el historiador, ensayista, e investigador del CONICET, Sergio Pujol, indica cuál es el estado de una materia que tantas veces ha ofrecido a los estudiantes.      

-  ¿Hubo un resurgimiento del interés por la historia en las universidades, a partir de la crisis de 2001?

- Es difícil responder esa pregunta porque, como doy historia, los que están sentados saben lo que van a escuchar. En realidad siempre hay interés por la historia. En el mercado bibliográfico hay varios trabajos que abordan los años 70, y han salido y se han reeditado varios trabajos sobre el peronismo. Probablemente el ubicar la historia argentina en el contexto latinoamericano es lo que despierta mayor inclinación. Y ahí es donde se puede ver cierta influencia del clima político actual de la región.
  Lo que sí se puede decir es que, en los últimos años, creció el número de investigadores: se dicta mucho sobre historia y hay trabajos muy buenos sobre los sectores populares o la clase media nacional, cosas que antes se dejaban de lado por la historiografía. Entonces la gran novedad es una nueva generación de historiadores, que está aportando enfoques novedosos. Después hay temas que son clásicos, muy requeridos por los lectores y los alumnos, relacionados a la dictadura militar en la Argentina, el rosismo del Siglo XIX, Sarmiento, los liberales, etcétera.

- Comparada con la época neoliberal de la década del 90, ¿Hay otro modo de enseñar la historia?

- En general los docentes de las universidades públicas siempre tuvieron independencia del poder político. No creo que aquel gobierno haya condicionado la enseñanza de la historia. Tal vez lo que no existía era un discurso oficial sobre la misma, sino uno que pretendía ser integrador. Existía la idea de que todas las figuras del pasado habían aportado algo. Una idea de conciliación de tradiciones y procesos políticos muy distintos entre sí, que intentaba “desideologizar” el pasado. Pero no creo que haya impactado fuertemente en la educación, al menos no en la universitaria respecto de la historia.  

- ¿Considera que la mayoría de las carreras debería tener historia argentina, por más que estén orientadas a otra especialidad?

- Sería interesante aplicarlo de modo optativo, con algún seminario. Es posible. Aunque tal vez lo que habría que hacer es seguir trabajando en los contenidos historiográficos en los medios masivos de comunicación. Hay programas muy buenos en la televisión y en las radios, que muestran una presencia importante de la historia. Por eso no sé si valdría tanto el asunto de incluirla como materia en carreras universitarias con una orientación predeterminada.

- ¿En qué ambitos necesitan más afirmación la historia argentina y/o universal?

- Dentro del campo humanístico y de las ciencias sociales, en principio. Se la podría reforzar en disciplinas como Sociología, Antropología, Ciencias Económicas y Ciencias Políticas. Creo que en la Facultad de Periodismo de La Plata está bien cubierta, con varios colegas que trabajamos distintos aspectos de ella.
  Respecto al propio periodismo habría que regresar a la obligatoriedad de la historia, como parte de un futuro plan de estudios. Eso significaría un paso adelante. Se debe terminar con la idea de que las materias de historia son contextuales cuando, en verdad, para la formación de un periodista son de suma importancia, vitales realmente. Le permiten tener una visión más compleja y de mayor profundidad. 

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