Así lo
señala Sergio Pujol, docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social
de La Plata, que explica aspectos de un tema que cobró fuerza y análisis en los
últimos tiempos.
La dictadura de
1976, las características de los gobiernos conservadores de de finales del
Siglo XIX y principios del XX y la década del 90, entre otros, son tópicos
siempre estudiados en la educación superior nacional. Sin embargo el revisionismo
histórico surgido a partir en la década del 2000, con la llegada de un nuevo
gobierno, y el uso cada vez más frecuente de la historia en sus discursos y en
otros ámbitos de la política argentina, colocaron el pasado “criollo” en la
discusión del presente. Como la comprensión de procesos anteriores es parte de
la comprensión de la sociedad actual, el historiador, ensayista, e investigador
del CONICET, Sergio Pujol, indica cuál es el estado de una materia que tantas
veces ha ofrecido a los estudiantes.
- ¿Hubo un resurgimiento del interés por la
historia en las universidades, a partir de la crisis de 2001?
- Es difícil
responder esa pregunta porque, como doy historia, los que están sentados saben
lo que van a escuchar. En realidad siempre hay interés por la historia. En el
mercado bibliográfico hay varios trabajos que abordan los años 70, y han salido
y se han reeditado varios trabajos sobre el peronismo. Probablemente el ubicar la
historia argentina en el contexto latinoamericano es lo que despierta mayor
inclinación. Y ahí es donde se puede ver cierta influencia del clima político
actual de la región.
Lo que sí se puede decir es que, en los
últimos años, creció el número de investigadores: se dicta mucho sobre historia
y hay trabajos muy buenos sobre los sectores populares o la clase media
nacional, cosas que antes se dejaban de lado por la historiografía. Entonces la
gran novedad es una nueva generación de historiadores, que está aportando
enfoques novedosos. Después hay temas que son clásicos, muy requeridos por los
lectores y los alumnos, relacionados a la dictadura militar en la Argentina, el
rosismo del Siglo XIX, Sarmiento, los liberales, etcétera.
-
Comparada con la época neoliberal de la década del 90, ¿Hay otro modo de
enseñar la historia?
-
En general los docentes de las universidades públicas siempre tuvieron independencia del poder político. No creo que aquel gobierno haya condicionado
la enseñanza de la historia. Tal vez lo que no existía era un discurso oficial
sobre la misma, sino uno que pretendía ser integrador. Existía la idea de que
todas las figuras del pasado habían aportado algo. Una idea de conciliación de
tradiciones y procesos políticos muy distintos entre sí, que intentaba “desideologizar”
el pasado. Pero no creo que haya impactado fuertemente en la educación, al
menos no en la universitaria respecto de la historia.
-
¿Considera que la mayoría de las carreras debería tener historia argentina, por
más que estén orientadas a otra especialidad?
-
Sería interesante aplicarlo de modo optativo, con algún seminario. Es posible.
Aunque tal vez lo que habría que hacer es seguir trabajando en los contenidos
historiográficos en los medios masivos de comunicación. Hay programas muy
buenos en la televisión y en las radios, que muestran una presencia importante
de la historia. Por eso no sé si valdría tanto el asunto de incluirla como
materia en carreras universitarias con una orientación predeterminada.
-
¿En qué ambitos necesitan más afirmación la historia argentina y/o universal?
- Dentro del campo
humanístico y de las ciencias sociales, en principio. Se la podría reforzar en
disciplinas como Sociología, Antropología, Ciencias Económicas y Ciencias
Políticas. Creo que en la Facultad de Periodismo de La Plata está bien
cubierta, con varios colegas que trabajamos distintos aspectos de ella.
Respecto al propio periodismo habría que regresar
a la obligatoriedad de la historia, como parte de un futuro plan de estudios.
Eso significaría un paso adelante. Se debe terminar con la idea de que las
materias de historia son contextuales cuando, en verdad, para la formación de
un periodista son de suma importancia, vitales realmente. Le permiten tener una
visión más compleja y de mayor profundidad.

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